Los tres jóvenes dejaron atrás las rocas y continuaron hacia delante. Ciros y Saul iban directos a alguna parte, sin fijarse en nada más que el tramo de suelo empedrado que tenían al frente, parecían conocer Endar muy bien. Sin embargo, para Lunnei las cosas eran muy diferentes. Ella nunca había visitado ese pueblo, más bien, nunca había visitado ningún pueblo. Ni pueblos ni nada que no fuera el jardín, prácticamente del tamaño de un bosque, que tenía la fortaleza de Dailor. Nunca se había sentido así, pero ahora, al contemplar cada piedra colocada en las estructuras de las viejas casas de Endar y cada flor plantada estratégicamente para adornar el pueblo, se dio cuenta de que existían infinidad de cosas que se había perdido y de pronto una enorme ansia por conocer se despertó en su interior. Miraba de un lado a otro asombrada con cada detalle, captando cada color, forma y utilidad de todo lo que se encontraba en su campo visual y los chicos se percataron de ello.
-¿Estás bien, Lun?-le preguntó Ciros en una ocasión.
-Perfectamente. ¿Por qué lo preguntas?- estaba empezando a temer que se hubieran dado cuenta de su fatiga. Ella no era débil, o al menos no quería serlo.
-Porque no paras de mover la cabeza hacia todas partes, me estás mareando.-le escupió Saul.
La chica, por una parte, se sintió algo cabreada con el pelirrojo por lo que le había dicho, pero por otra se sintió aliviada. No habían notado nada sobre su estado físico.
-Nadie te ha dicho que me mires, zanahoria.-Sabía que aquel mote no le gustaba nada a su amigo, por eso lo utilizaba cada vez que quería meterse con él.-No lo hagas y no te marearás.
-Yo no estaba… ¡Oye un momento! ¿Cómo que zanahoria? ¿Quién te crees que eres tú niña pija?-le contestó alterado y claramente ofendido Saul.
Al igual que al joven le sacaba de sus casillas el apodo de “zanahoria”, ella odiaba que dijeran que era pija. Simplemente por no ser un chico no significaba que fuera una pija malcriada, además podía hacer las mismas tareas que ellos. Por tanto, ella le contestó dejando que algo de veneno se colara en sus palabras.
-¿Qué quién soy? Soy la que te va a patear el culo ahora mismo. –contestó furiosa.
Y se dirigió corriendo hacia el chico. Cuando estuvo lo bastante cerca saltó sobre su espalda agarrándole del cuello. Pero el peso de ella, sumado a la sorpresa del joven, hizo que éste perdiera el equilibrio y cayeran al suelo. Ciros se acercó tranquilamente hacia la chica, se puso de cuclillas a su lado y la contempló el rostro y el cuerpo en busca de alguna herida. Su búsqueda tuvo existo. Tenía el brazo derecho lleno de rasponazos de la arena, desde el hombro hasta poco más arriba del codo.
-Ay…-suspiró el moreno.- ¿No sois un poquito mayorcitos para estos juegos?- les preguntó a sus compañeros mientras curaba las heridas de ambos y les entregaba un par de esparadrapos para que sostuvieran sobre sus raspones.
-Ella empezó.-aclaró Saul.
-¿Yo? Fuiste tú el que…
-Ejem-un carraspeo proveniente de la garganta de Ciros hizo que los dos callaran y volvieran las cabezas hacia él. Además, provocó en Lunnei un leve rubor que atravesaba sus mejillas y nariz.
-Lo sentimos-corearon los dos jóvenes, tanto él, como ella.
Caminaron durante un largo tramo sin decir palabra, entre casas de piedra gris y cuidados huertos y jardines. Al fin, Ciros se acercó a la altura de Lunnei para entablar conversación con ella.
-¿Qué es lo que te ha pasado? Pensaba que eras algo más…
-¿Madura?-terminó la chica.
-Sí, exacto. Más madura.
-Y lo soy para mis 15 años, pero es que me saca de mis casillas. Es completamente insoportable.
Ciros rió.
-Lo sé. Y tú también lo sabes. Por eso mismo deberías poder prever estas situaciones y evitarlas. Es cierto que puede ser bastante estresante a veces, pero le necesitamos con nosotros, si es que quieres encontrar algo de la verdad sobre tu pasado.-sermoneó el moreno.
-¡Claro que quiero! Siento lo que ha pasado, de verdad. A partir de ahora tendré cuidado y controlaré mis impulsos, al fin y al cabo, Saul no puede ser tan malo, ¿no?
Ciros rió de nuevo y aceleró el paso para colocarse a la cabeza de los otros dos jóvenes.
-<< ¿Qué habrá querido decir con esa sonrisa?>> pensó la joven.
Lunnei se sentía ridícula por el numerito que había montado con Saul. Había llegado hasta el punto de que tuvieran que regañarla, aunque eso no era lo que más le avergonzaba, lo peor era que Ciros ahora pensaba que verdaderamente era una niña malcriada. En cambio, a él se le veía tan maduro, tan serio y atento…Solo eran dos años los que le sacaba, pero la diferencia de caracteres era notable, aunque no tanta como la que se veía con el pelirrojo, a pesar de que este era de la misma edad que Lunnei. Estaba claro que sería Ciros quien tiraría del carro y se ocuparía de todos los problemas e infortunios que se dieran durante el viaje, pero, en ese caso, ¿qué pintaba Saul? ¿Por qué Ciros había dicho que le necesitaban para seguir adelante? Estaba segura de que tarde o temprano lo averiguaría.
Tras unos minutos más de camino, los jóvenes llegaron a la puerta de una posada. Lunnei nunca había visto una, pero supo reconocerla por el cartel de madera que colgaba, mal colocado, de un par de clavos situados encima del arco que formaba la puerta: “Posada La Marca”. Era lo que podía leerse tallado en la madera. Entraron al interior. La primera planta era una amplia taberna, llena de gente –la mayoría emborrachada- que gritaba y reía, que pedían cervezas en la barra y que cantaban y bailaban con las camareras vestidas con cortas pieles, dejando entreverse demasiada carne. A Lunnei le pareció un lugar muy vulgar para lo que estaba acostumbrada y cuando se sorprendió pensando en eso empezó a preguntarse si Saul no tendría razón en cuanto a lo de pija. Cuando estuvieron totalmente dentro, el pelirrojo se acercó a la rudimentaria barra y saludó a un hombre que había detrás de ella, colocando algunos tazones de cerámica. Su rostro estaba sudado, las gotas resbalaban entra sus arrugas y el vello de la barba, pero lo que sin duda más resaltaba era la cicatriz que se extendía desde la parte superior izquierda de su frente hasta el pómulo derecho, pasando por el entrecejo.
-¡Hey Marca!-le saludó Saul.
-¡Saul! Cuánto tiempo. Hacía mucho que no te pasabas por Endar, ¿qué te trae por aquí?-preguntó amigablemente el hombre.
Saul hizo un movimiento de cabeza en la dirección en la que Lunnei se encontraba.
-¡Ah! Ya veo, pícaro.-dijo mientras guiñaba un ojo.
-No, no es lo que te piensas. Es cuestión de “trabajo”. Ya me entiendes, Iliade, la organización y todo eso…-aclaró el chico.
-Ah, está bien. Podéis quedaros aquí cuanto deseéis. Sabes que estás en tu casa.
-Gracias Marca.-y le dedicó una de sus sonrisas.
-Veo que el chico raro sigue siendo raro.-dijo el hombre con una expresión de algo parecido a decepción en la cara.
Ciros se encontraba en una esquina de la taberna junto con Lunnei, esperando a Saul, sin hablar, mirando al suelo, como si le interesaran los colores de la madera con los que estaba tapizado.
-Sí, bueno, qué se le va a hacer. Gracias otra vez, ahora vamos a descansar si no te importa.
-Claro que no, adelante.
Se despidieron y Saul se acercó a sus compañeros y los dirigió hacia el piso de arriba, donde se extendía un largo pasillo cuyos laterales estaban repletos de puertas donde, Lunnei supuso, se encontraban las habitaciones para hospedar a los clientes. Saul eligió una situada casi al final del pasillo, ya que, según dijo, era la más grande de todo el lugar. Los tres jóvenes se acomodaron encima de las camas, tirando las bolsas al suelo. Lunnei se dejó caer de espaldas sobre la primera cama que vio. No era lo más cómodo sobre lo que se había tumbado, el colchón era demasiado fino y la almohada demasiado baja, pero en esos momentos le daba igual, solo quería dormir.
martes, 16 de junio de 2009
jueves, 28 de mayo de 2009
Cap. 7 : En camino
La luz rosácea de los primeros rayos de sol teñía el cielo color violeta y una ligera brisa mañanera revolvía el cabello corto de los chicos, aunque no el de la joven, quien llevaba su media melena negra recogida en una coleta en lo alto de la cabeza. Estaban preparados. Sus bolsas y mochilas iban cargadas hasta el último centímetro con ropa, medicinas, agua potable y algo de comida por si surgían imprevistos. Además de eso, los tres llevaban encima sus armas: Saul sus dagas, colgadas de un cinturón a ambos lados de las caderas; Ciros su característico arco largo, colocado a su espalda junto con el carcaj lleno de flechas; y Lunnei su peculiar espada a la cintura (más similar a un sable, de filo fino y largo), con la que había aprendido a luchar durante toda su vida, junto a Dailor. Esta arma tenía una pequeña inscripción en el mango, dorada y brillante, tanto que no pasó desapercibida para sus compañeros.
-¿Qué es lo que pone ahí?-le preguntó Saul el día anterior, mientras preparaban sus cosas.
-¿Eh? ¿Dónde?- se hizo la remolona, no le apetecía nada volver a hablar de su pasado con el malvado mago, y la espada estaba muy relacionada.
-Ahí, en la empuñadura de tu sable.-replico el chico, al darse cuenta del mal-fingido disimulo de ella. –Hay algo escrito en una lengua que no comprendo, aunque tiene unos trazos hermosos.
-¡Ah! Esto…-volvió a hacer como si no se hubiera dado cuenta de a lo que se refería Saul. –No es más que una pequeña frasecilla en évilo.
-En évilo, claro… ¿y eso qué es?-insistió el pelirrojo.
- El évilo es una antigua lengua utilizada en tiempos de guerra, hace muchos años. Su creador fue un mago llamado Evia, de ahí que sea conocida como évilo. Evia quería una lengua que se hablara en todo el mundo, un idioma universal, de todos y para todos, algo con lo que pudiésemos entendernos fuera cual fuese nuestra procedencia.
-¿Y qué ocurrió con ella?- preguntó esta vez curioso.
-Desapareció. –habló cortante la chica.- unos cien años después de su aparición se descubrió que Evia era en realidad un practicante de las artes oscuras que quería hacerse con el gobierno de los cuatro reinos.
-Eso me suena…-contestó el joven con ironía.
-En efecto, Dailor se propone lo mismo. Es más, la inscripción está en évilo porque Dailor ha adoptado esta lengua como sagrada. La utiliza para sus proclamaciones de nuevos guerreros, sus rituales y sus hechizos más fuertes, aquellos en los que le es necesario recitar palabras. Pero obviamente la versión que él me dio de lo sucedido con Evia es distinta a la real.
-¿Qué fue lo que te contó ese embustero?
-Bueno, Evia es como el maestro de Dailor. Vivió varios siglos y uno de ellos, el último de su vida, lo dedicó a enseñarle a Dailor todo lo que sabe. Aunque él siempre dice que los conocimientos que le transmitió se trataban de saberes religiosos de la asociación, ahora sé que mentía, todo lo que le enseñó fue la magia negra. Nada de saberes sagrados y divinos, solamente maldad y mil formas de hacer daño a la gente.-Un par de lágrimas se desbordaron de los ojos negros de la chica. No quería hablar de ello, no quería porque sabía que acabaría llorando y se había jurado a sí misma que no volvería a sufrir por aquel desgraciado y que se mantendría fuerte a partir de ahora.
-Está bien, tranquilízate, todo ha pasado ya.-le susurró el joven mientras la estrechaba suavemente entre sus brazos para calmarla. –Ahora estás aquí con nosotros, a salvo, y eso es lo que cuenta.
Minutos después, cuando la chica se hubo consolado, comenzó a contarle lo que significaba la frase.
-En serio, no hace falta que me lo cuentes, era solo curiosidad.-dijo el chico con temor de volver a hacerla llorar.
- No, no me importa, ya que he empezado voy a acabar.
- Como quieras.-la miró algo preocupado.
- Traducido literalmente pone: “y el alma despertó en el cielo claro, para acabar bajo el horizonte, donde no llegasen los rayos del sol”.- recitó ella.
-Es espeluznante.-concluyó el chico fingiendo un escalofrío.
-Sí, puede decirse que sí, nunca me contó lo que significaba, tan solo decía que con el tiempo lo entendería. Ahora creo que se refiere a mí, a mí vida y a mi futuro. Yo soy el alma, nací en un lugar normal, supongo que bajo el seno de una familia alegre y feliz, como cualquier otra, pero él me encontró y quiso convertirme a la magia oscura “donde no llegasen los rayos del sol”.-repitió.
-Tiene sentido, pero ya no importa. Ahora tienes una nueva tarea y un nuevo futuro que se ha abierto hacia ti. Disfrútalo.-exclamó el joven.
La mayoría de las veces era un fastidio, pero había ocasiones en las que Saul parecía completamente maduro y sabio. Parecía una persona diferente completamente a lo que solía ser. Alguien con quien hablar y abrirse tan fácilmente como ocurría con Ciros. Es cierto que esas ocasiones no se repetían muy a menudo, pero a Lunnei le bastaba con saber que existía alguien así dentro de él. A partir de ese momento comenzó a ver a Saul de una manera distinta a la de antes, seguía sin soportar su sonrisa y sus continuos chistes, pero cada vez se llevaba mejor con él y ya no le molestaba su compañía para nada. Empezaban a ser, junto con Ciros, un trío unido.
Los tres amigos se miraron los unos a los otros y una de las grandes sonrisas de Saul indicó que podían comenzar su viaje. Se pusieron en marcha por el camino de arenilla que se abría a través del bosque, justo en frente de la casa. Anduvieron durante horas, se encontraban ya bastante lejos del punto de partida cuando decidieron hacer un alto para comer. Estaban en medio del bosque, así que tendrían que cazar algo si querían alimento porque no debían desaprovechar lo que llevaban en las mochilas, quién sabe cuándo les haría falta.
Después de hablarlo, decidieron ir en dos grupos: uno formado por Ciros y Lunnei, y otro con Saul como único integrante. Tampoco les hacía falta mucha comida ya que tenían planeado llegar a un pueblecito al caer la noche y cenarían allí, así que con algo para saciar el hambre por el momento, valía.
Lunnei y Ciros ya se habían adentrado en la espesura, dejando el camino a un lado y atentos a cualquier movimiento, tanto por si se trataba de su almuerzo como de un animal que quisiera almorzarles a ellos.
Ciros llevaba el arco en las manos y ya iba cargado con una flecha, por si acaso debían actuar rápido. Cosa que agradecieron, ya que una pareja de mapaches saltó frente a ellos desde un árbol. Tanto presas como cazadores se quedaron mirándose unos instantes, unos preparados para huir, otros para atacar. Finalmente fueron los animales los que realizaron el primer movimiento saliendo corriendo de allí, pero Ciros fue más rápido y logró alcanzar a uno con su flecha. El animal herido anduvo unos cuantos pasos más con las últimas fuerzas que le quedaban y cuando no pudo más se desplomó en el suelo.
Lunnei corrió detrás del otro mientras Ciros recogía al animal tendido en el suelo, pero la detuvo.
-Déjalo, con este tenemos bastante. Además, Saul volverá con algo también.
La joven dejó de correr y volvió jadeando al lado de su compañero.
-Me alegro, porque creo que nunca habría alcanzado a ese bicho.-contestó ella.
Ciros sonrió.
-Pues deberás ser más rápida si quieres seguir nuestro ritmo.-dijo el moreno.
La chica se ofendió ante tal reproche.
-No soy tan mala como los dos creéis. ¿A caso piensas que solo estudiaba con Dailor? Me estuvo entrenando tanto con la espada como con la magia. Además tengo la suficiente fuerza y resistencia como para seguiros a ambos.-dijo algo enfadada.
-Está bien, Lun, no quería ofenderte. Confío ciegamente en tus posibilidades, pero tendrás que demostrarnos de lo que eres capaz.
-Tsss…Cuando queráis.-contestó altiva la muchacha.
Ciros volvió a sonreír, pero dejó de seguirle el juego.
-Será mejor que volvamos ya, seguramente Saul esté hambriento.
-¿Y cuándo no?-preguntó con sarcasmo la chica.
Desanduvieron el camino que habían hecho a la ida hasta llegar al punto desde el que partieron, y donde debían encontrarse con Saul. Y efectivamente, ahí estaba el pelirrojo, esperando apoyado en un árbol con un par de perdices en las manos.
-¡Pensaba que no llegaríais nunca!-exclamó
-No seas exagerado, Saul.-contestó la joven sin molestarse. Ya estaba acostumbrada a la actitud de su compañero.
-Era broma, Lun. Yo acabo de llegar.-y esbozó su típica sonrisa-¿Y bien? ¿Cómo os ha ido?
-Tenemos un bichejo de estos-contestó la chica mientras señalaba al animal que portaba Ciros.
-Esos bichejos se llaman mapaches, tonta-replicó el pelirrojo.
-Bueno, cómo sea, donde yo vivía no había. Espero que sepan bien, al menos.-se excusó.
-Vamos a comprobarlo.-sugirió Ciros.
Una hora después ya habían acabado de comer. Recogieron las pieles de los animales y esparcieron por el suelo del bosque los restos de la hoguera que habían hecho para cocinarlos, si la dejaban seguramente atraería a muchos animales al camino que se expondrían a los furtivos que pasaban por ahí. Una cosa era matar por necesidad, otra muy distinta era matar por diversión. Cuando hubieron acabado de arreglar el lugar, Saul guardó sus dos perdices desplumadas en una bolsa, ya que con el mapache cazado por sus dos amigos habían tenido más que de sobra para la comida de los tres.
Continuaron su camino. Minuto tras minuto, hora tras hora, iban atravesando aquel bosque que ha Lunnei se le antojó infinito. Mirara a dónde mirase siempre veía lo mismo: árboles y más árboles. De vez en cuando un animalillo se les cruzaba y les seguía por los laterales del camino, a una distancia prudencial, pero con curiosidad. En cualquier caso el paisaje se le repetía demasiado y estaba empezando a aburrirse, y por consiguiente, a cansarse. Pero no debía demostrar debilidad ante los chicos. Ya pensaban que era incapaz de aguantar su ritmo, no debían saber hasta qué punto se sentía inferior a ellos. Eso sí, en la lucha estaba convencida de poder vencerles.
-¿Queda mucho para llegar al pueblo?-preguntó como si no le importara. Ocultando el cansancio.
-No, mira hacia delante, ¿no ves un claro que se abre a unos pocos metros de aquí?-dijo Ciros.
Ella levantó la cabeza del suelo y al contemplar el frente se sorprendió entrecerrando los ojos para evitar que el sol rojizo del atardecer la deslumbrara. El atardecer…qué rápido pasaba el tiempo. Se notaba cansada, pero apenas se dio cuenta de que habían estado andando tantas horas seguidas. En tal caso, era más resistente de lo que pensaba, y los chicos mucho más de lo que cabía en su cabeza. ¿Qué clases de entrenamientos harían? ¿Cómo conseguían no cansarse? En fin, debería empezar a acostumbrase a andar, el camino hacia el reino del sur iba a ser bastante largo. Al fin consiguió ver el claro que Ciros le había dicho y al fondo también veía figuras borrosas.
-¡Sí! Creo que lo veo.-dijo entusiasmada por la posibilidad de que el descanso llegara pronto.
-Muy bien, pues justo detrás de ese claro se encuentra Endar, el pueblo al que vamos. Si te fijas bien podrás ver algunas de sus torres más altas.
-Sí, algo veo, aunque bastante borroso.
-Tranquila, es normal. Aún está un poco lejos.-anunció el chico.
A Lunnei se le cayó el alma a los pies al oír esa frase.
-¿A sí?-dijo disimulando nuevamente su cansancio.
-Algo, llegaremos en una media hora, cuando la noche sea inminente.-contestó el chico.
Bueno, 30 minutos no era mucho tiempo, podía aguantar hasta entonces.
Tras esa media hora, los jóvenes se adentraron en un valle, al comienzo del cual dos rocas grandes se erguían antinaturalmente, seguramente colocadas ahí por la mano del hombre a modo de puerta. En cada una de ella estaba pintada la palabra “Endar”, es decir, el nombre del pueblo.
-¿Qué es lo que pone ahí?-le preguntó Saul el día anterior, mientras preparaban sus cosas.
-¿Eh? ¿Dónde?- se hizo la remolona, no le apetecía nada volver a hablar de su pasado con el malvado mago, y la espada estaba muy relacionada.
-Ahí, en la empuñadura de tu sable.-replico el chico, al darse cuenta del mal-fingido disimulo de ella. –Hay algo escrito en una lengua que no comprendo, aunque tiene unos trazos hermosos.
-¡Ah! Esto…-volvió a hacer como si no se hubiera dado cuenta de a lo que se refería Saul. –No es más que una pequeña frasecilla en évilo.
-En évilo, claro… ¿y eso qué es?-insistió el pelirrojo.
- El évilo es una antigua lengua utilizada en tiempos de guerra, hace muchos años. Su creador fue un mago llamado Evia, de ahí que sea conocida como évilo. Evia quería una lengua que se hablara en todo el mundo, un idioma universal, de todos y para todos, algo con lo que pudiésemos entendernos fuera cual fuese nuestra procedencia.
-¿Y qué ocurrió con ella?- preguntó esta vez curioso.
-Desapareció. –habló cortante la chica.- unos cien años después de su aparición se descubrió que Evia era en realidad un practicante de las artes oscuras que quería hacerse con el gobierno de los cuatro reinos.
-Eso me suena…-contestó el joven con ironía.
-En efecto, Dailor se propone lo mismo. Es más, la inscripción está en évilo porque Dailor ha adoptado esta lengua como sagrada. La utiliza para sus proclamaciones de nuevos guerreros, sus rituales y sus hechizos más fuertes, aquellos en los que le es necesario recitar palabras. Pero obviamente la versión que él me dio de lo sucedido con Evia es distinta a la real.
-¿Qué fue lo que te contó ese embustero?
-Bueno, Evia es como el maestro de Dailor. Vivió varios siglos y uno de ellos, el último de su vida, lo dedicó a enseñarle a Dailor todo lo que sabe. Aunque él siempre dice que los conocimientos que le transmitió se trataban de saberes religiosos de la asociación, ahora sé que mentía, todo lo que le enseñó fue la magia negra. Nada de saberes sagrados y divinos, solamente maldad y mil formas de hacer daño a la gente.-Un par de lágrimas se desbordaron de los ojos negros de la chica. No quería hablar de ello, no quería porque sabía que acabaría llorando y se había jurado a sí misma que no volvería a sufrir por aquel desgraciado y que se mantendría fuerte a partir de ahora.
-Está bien, tranquilízate, todo ha pasado ya.-le susurró el joven mientras la estrechaba suavemente entre sus brazos para calmarla. –Ahora estás aquí con nosotros, a salvo, y eso es lo que cuenta.
Minutos después, cuando la chica se hubo consolado, comenzó a contarle lo que significaba la frase.
-En serio, no hace falta que me lo cuentes, era solo curiosidad.-dijo el chico con temor de volver a hacerla llorar.
- No, no me importa, ya que he empezado voy a acabar.
- Como quieras.-la miró algo preocupado.
- Traducido literalmente pone: “y el alma despertó en el cielo claro, para acabar bajo el horizonte, donde no llegasen los rayos del sol”.- recitó ella.
-Es espeluznante.-concluyó el chico fingiendo un escalofrío.
-Sí, puede decirse que sí, nunca me contó lo que significaba, tan solo decía que con el tiempo lo entendería. Ahora creo que se refiere a mí, a mí vida y a mi futuro. Yo soy el alma, nací en un lugar normal, supongo que bajo el seno de una familia alegre y feliz, como cualquier otra, pero él me encontró y quiso convertirme a la magia oscura “donde no llegasen los rayos del sol”.-repitió.
-Tiene sentido, pero ya no importa. Ahora tienes una nueva tarea y un nuevo futuro que se ha abierto hacia ti. Disfrútalo.-exclamó el joven.
La mayoría de las veces era un fastidio, pero había ocasiones en las que Saul parecía completamente maduro y sabio. Parecía una persona diferente completamente a lo que solía ser. Alguien con quien hablar y abrirse tan fácilmente como ocurría con Ciros. Es cierto que esas ocasiones no se repetían muy a menudo, pero a Lunnei le bastaba con saber que existía alguien así dentro de él. A partir de ese momento comenzó a ver a Saul de una manera distinta a la de antes, seguía sin soportar su sonrisa y sus continuos chistes, pero cada vez se llevaba mejor con él y ya no le molestaba su compañía para nada. Empezaban a ser, junto con Ciros, un trío unido.
Los tres amigos se miraron los unos a los otros y una de las grandes sonrisas de Saul indicó que podían comenzar su viaje. Se pusieron en marcha por el camino de arenilla que se abría a través del bosque, justo en frente de la casa. Anduvieron durante horas, se encontraban ya bastante lejos del punto de partida cuando decidieron hacer un alto para comer. Estaban en medio del bosque, así que tendrían que cazar algo si querían alimento porque no debían desaprovechar lo que llevaban en las mochilas, quién sabe cuándo les haría falta.
Después de hablarlo, decidieron ir en dos grupos: uno formado por Ciros y Lunnei, y otro con Saul como único integrante. Tampoco les hacía falta mucha comida ya que tenían planeado llegar a un pueblecito al caer la noche y cenarían allí, así que con algo para saciar el hambre por el momento, valía.
Lunnei y Ciros ya se habían adentrado en la espesura, dejando el camino a un lado y atentos a cualquier movimiento, tanto por si se trataba de su almuerzo como de un animal que quisiera almorzarles a ellos.
Ciros llevaba el arco en las manos y ya iba cargado con una flecha, por si acaso debían actuar rápido. Cosa que agradecieron, ya que una pareja de mapaches saltó frente a ellos desde un árbol. Tanto presas como cazadores se quedaron mirándose unos instantes, unos preparados para huir, otros para atacar. Finalmente fueron los animales los que realizaron el primer movimiento saliendo corriendo de allí, pero Ciros fue más rápido y logró alcanzar a uno con su flecha. El animal herido anduvo unos cuantos pasos más con las últimas fuerzas que le quedaban y cuando no pudo más se desplomó en el suelo.
Lunnei corrió detrás del otro mientras Ciros recogía al animal tendido en el suelo, pero la detuvo.
-Déjalo, con este tenemos bastante. Además, Saul volverá con algo también.
La joven dejó de correr y volvió jadeando al lado de su compañero.
-Me alegro, porque creo que nunca habría alcanzado a ese bicho.-contestó ella.
Ciros sonrió.
-Pues deberás ser más rápida si quieres seguir nuestro ritmo.-dijo el moreno.
La chica se ofendió ante tal reproche.
-No soy tan mala como los dos creéis. ¿A caso piensas que solo estudiaba con Dailor? Me estuvo entrenando tanto con la espada como con la magia. Además tengo la suficiente fuerza y resistencia como para seguiros a ambos.-dijo algo enfadada.
-Está bien, Lun, no quería ofenderte. Confío ciegamente en tus posibilidades, pero tendrás que demostrarnos de lo que eres capaz.
-Tsss…Cuando queráis.-contestó altiva la muchacha.
Ciros volvió a sonreír, pero dejó de seguirle el juego.
-Será mejor que volvamos ya, seguramente Saul esté hambriento.
-¿Y cuándo no?-preguntó con sarcasmo la chica.
Desanduvieron el camino que habían hecho a la ida hasta llegar al punto desde el que partieron, y donde debían encontrarse con Saul. Y efectivamente, ahí estaba el pelirrojo, esperando apoyado en un árbol con un par de perdices en las manos.
-¡Pensaba que no llegaríais nunca!-exclamó
-No seas exagerado, Saul.-contestó la joven sin molestarse. Ya estaba acostumbrada a la actitud de su compañero.
-Era broma, Lun. Yo acabo de llegar.-y esbozó su típica sonrisa-¿Y bien? ¿Cómo os ha ido?
-Tenemos un bichejo de estos-contestó la chica mientras señalaba al animal que portaba Ciros.
-Esos bichejos se llaman mapaches, tonta-replicó el pelirrojo.
-Bueno, cómo sea, donde yo vivía no había. Espero que sepan bien, al menos.-se excusó.
-Vamos a comprobarlo.-sugirió Ciros.
Una hora después ya habían acabado de comer. Recogieron las pieles de los animales y esparcieron por el suelo del bosque los restos de la hoguera que habían hecho para cocinarlos, si la dejaban seguramente atraería a muchos animales al camino que se expondrían a los furtivos que pasaban por ahí. Una cosa era matar por necesidad, otra muy distinta era matar por diversión. Cuando hubieron acabado de arreglar el lugar, Saul guardó sus dos perdices desplumadas en una bolsa, ya que con el mapache cazado por sus dos amigos habían tenido más que de sobra para la comida de los tres.
Continuaron su camino. Minuto tras minuto, hora tras hora, iban atravesando aquel bosque que ha Lunnei se le antojó infinito. Mirara a dónde mirase siempre veía lo mismo: árboles y más árboles. De vez en cuando un animalillo se les cruzaba y les seguía por los laterales del camino, a una distancia prudencial, pero con curiosidad. En cualquier caso el paisaje se le repetía demasiado y estaba empezando a aburrirse, y por consiguiente, a cansarse. Pero no debía demostrar debilidad ante los chicos. Ya pensaban que era incapaz de aguantar su ritmo, no debían saber hasta qué punto se sentía inferior a ellos. Eso sí, en la lucha estaba convencida de poder vencerles.
-¿Queda mucho para llegar al pueblo?-preguntó como si no le importara. Ocultando el cansancio.
-No, mira hacia delante, ¿no ves un claro que se abre a unos pocos metros de aquí?-dijo Ciros.
Ella levantó la cabeza del suelo y al contemplar el frente se sorprendió entrecerrando los ojos para evitar que el sol rojizo del atardecer la deslumbrara. El atardecer…qué rápido pasaba el tiempo. Se notaba cansada, pero apenas se dio cuenta de que habían estado andando tantas horas seguidas. En tal caso, era más resistente de lo que pensaba, y los chicos mucho más de lo que cabía en su cabeza. ¿Qué clases de entrenamientos harían? ¿Cómo conseguían no cansarse? En fin, debería empezar a acostumbrase a andar, el camino hacia el reino del sur iba a ser bastante largo. Al fin consiguió ver el claro que Ciros le había dicho y al fondo también veía figuras borrosas.
-¡Sí! Creo que lo veo.-dijo entusiasmada por la posibilidad de que el descanso llegara pronto.
-Muy bien, pues justo detrás de ese claro se encuentra Endar, el pueblo al que vamos. Si te fijas bien podrás ver algunas de sus torres más altas.
-Sí, algo veo, aunque bastante borroso.
-Tranquila, es normal. Aún está un poco lejos.-anunció el chico.
A Lunnei se le cayó el alma a los pies al oír esa frase.
-¿A sí?-dijo disimulando nuevamente su cansancio.
-Algo, llegaremos en una media hora, cuando la noche sea inminente.-contestó el chico.
Bueno, 30 minutos no era mucho tiempo, podía aguantar hasta entonces.
Tras esa media hora, los jóvenes se adentraron en un valle, al comienzo del cual dos rocas grandes se erguían antinaturalmente, seguramente colocadas ahí por la mano del hombre a modo de puerta. En cada una de ella estaba pintada la palabra “Endar”, es decir, el nombre del pueblo.
jueves, 21 de mayo de 2009
Siento la desaparicion =( se que ha sido demasiado tiempo pero entre unas cosas y otras...pero bueno, ya he vuelto y espero que dureee! jajaja gracias a los que habeis pasado por aqui incluso en mi ausencia :) En especial a Nuara, por este premio que en fin...no me lo merezco, sinceramente, entre otras cosas por abandonar el blog asi...aiss, no me lo perdono xD Pues lo dicho, gracias otra vez, y ahora voy a leer todas tus historias que me he perdido jaja eeeen: www.nosolorelatoscortos.blogspot.com ;)

El premio va para mis unicos tres seguidores jajaja aunque nuara ya lo tiene pero bueno, puedes considerarte premiada al cuadrado! :)
Por cierto, justo abajo teneis la continuacion de la historia, espero que os guste.
Cap. 6 :Nuevo objetivo
Muchos de los asistentes a la fiesta se habían marchado, pero otros se quedaron en la casa a pasar la noche, o más bien, la mañana.
Cuando Lunnei se despertó volvió a verse en aquella habitación, la misma en la que había amanecido el día anterior, la única diferencia era que en esta ocasión no fueron unos leves rayos de sol los que la despertaron, sino un gran haz de luz que entraba por la ventana. La joven se levantó y se acercó hacia el foco de tanta iluminación y cuando estuvo en el borde se asomó al exterior. Normal que entrara mucha más luz, el sol estaba en lo alto del cielo, debía ser ya más de mediodía. Se desperezó, se frotó los ojos y salió hacia el baño, donde se enjuagó un poco la cara para despertar por completo y se desenredó el pelo suavemente. Aún llevaba puesta la larga camiseta, utilizada como pijama, con la que había dormido, por lo que se dispuso a cambiarse.
Unos 15 minutos más tarde, ya aseada completamente y vestida con otro vestido similar al del día anterior aunque de color azul, comenzó a dar un paseo por la casa en busca de alguna señal de vida más. Silenciosamente se asomó al salón, pero retrocedió rápidamente. Esparcidos por el sofá, el suelo y las sillas, dormían totalmente desordenados todos los inquilinos temporales que habían permanecido en la casa. La mayoría eran hombres, pero podían contarse también un par de mujeres, todos ellos con claros signos de haberse corrido una buena juerga esa noche.
Desde el lugar donde se encontraba, Lunnei miró a lo largo del pasillo pero no encontró a nadie, tan solo puertas cerradas...Pensó que sería mejor no entrar en ninguna de aquellas habitaciones, no quería molestar a nadie. Estaba empezando a sentirse incómoda, no le gustaba estar sola en una casa que no era la suya y con tanta gente que no conocía.
Resignada, salió al patio de atrás, donde se había celebrado la fiesta. Por suerte allí se encontró con rostros conocidos. Ilíade estaba recogiendo la basura que había quedado tirada por el jardín, tarea con la cual colaboraba la joven Leia -la enamorada de Ciros a quien Lunnei solo conocía de vista- y Saul.
- Buenos días. -saludó la chica mientras se acercaba a ellos.
-Hola Lunnei, ¿has dormido bien? -preguntó Ilíade, tan amable como siempre.
-Por la hora a la que se ha levantado, yo diría que sí. -se apresuró a contestar Saul.
Lunnei le lanzó una leve mirada de reproche.
- ¿Tan tarde es?- preguntó curiosa.
-Depende, ¿sueles despertar después de comer?- dijo el joven risueño
-¡¿Qué?!- se sorprendió ella. - Que vergüenza...-reconoció en casi un susurro.
-Míralo por el lado bueno, al menos no eres la última. -contestó el pelirrojo, con su sonrisa nuevamente.
Lunnei no respondió, pero esbozó una pequeña mueca de burla dirigida al chico. Después de la corta conversación se unió al grupo y prosiguió recogiendo con ellos, aunque al mismo tiempo examinó la escena: Saul parecía feliz, como siempre, aunque fuese trabajar lo que estaba haciendo; Ilíade continuaba irradiando elegancia incluso entre basura; y la otra chica, apenas un par de años mayor que ella, parecía centrarse en su labor como si le llevara la vida en ello, como si quisiera evadirse de los otros tres.
La ahijada de Dailor se acercó disimulando a la maga y le preguntó a cerca de aquella joven.
-No te preocupes, no es por ti...-comenzó a explicar.
-Sí, sí que lo es, no le mientas.- cortó Saul de nuevo.
-Pero yo ni si quiera la conozco, no es posible que sienta ningún tipo de resentimiento hacia mí, ¿no? - se extrañó Lunnei.
- Como iba diciendo, no es por ti...exactamente. Leia, que es así como se llama, siempre ha estado interesada en Ciros y él, como ya sabes, nunca ha sido muy abierto ni nada parecido y mucho menos se ha interesado en "esas cosas". -aclaró Ilíade.
-Pero entonces llegas tú y en menos de un día te haces íntima suya. Consigues lo que ella lleva buscando prácticamente toda su vida, ¿cómo te sentirías tú en su lugar?-terminó el chico.
-Bueno, yo...Supongo que la entiendo, pero no me parece justo.
-Nadie dijo que lo fuera.-enunció la maga.
Tras este inciso los 4 continuaron con su trabajo.
Pasaron un par de horas más hasta que todas las personas de la casa estuvieron despiertas. Juntos almorzaron y se reunieron en el jardín, por fin limpio.
-Bien, amigos, después de la agradable velada de ayer –habló Ilíade- debemos continuar con nuestros deberes. Agradecería que os pusieseis en marcha cuanto antes, divididos en los grupos de siempre.
-¿Y qué hacemos con la nueva?-preguntó un hombre.
- Creo que voy a hacer cambios en algunos grupos.-anunció Ilíade.
Voces algo extrañadas, e incluso asustadas por el cambio, se escucharon en ese momento.
- Tranquilos, serán cambios leves. Lunnei marchará con Saul y con Ciros.
-¿Y qué pasa entonces con nosotras? Si Ciros se va nos quedaremos las dos solas.- Contestó una mujer de unos 30 años, compañera de grupo de Ciros y Leia.
-Vosotras dos os repartiréis entre los otros grupos, una en cada uno. –solucionó la maga.
-…Está bien.-contestaron las dos mujeres claramente fastidiadas.
Después de que todo el lío estuvo arreglado, cada grupo partió en la dirección correspondiente.
Lunnei, Saul y Ciros fueron los últimos en abandonar la casa.
-¿Para qué son estos grupos? –preguntó la joven extrañada.
-Son grupos de trabajo. Cada grupo tiene una tarea: unos cazan para la comida, otros recogen provisiones como la madera para el fuego, otros entrenan y otros buscan información sobre Dailor y sus planes. Los grupos van rotando de tarea, cada día se hace una cosa distinta.-contestó Saul.
-¿Y qué pasa con los que se marcharon anoche?
-Nada, se reunirán con sus respectivos grupos en el camino.
La chica asintió con la cabeza para hacerle saber que lo había entendido.
-¿Y qué vamos a hacer nosotros?-volvió a preguntar, curiosa.
-Se supone que debemos ponerte al día de todo y comenzar con tu entrenamiento.-contestó Saul de nuevo.
-Mmm…No es por molestar a nadie, no quisiera cambiar vuestro modo de trabajo, pero…
-¿Pero?
-Me gustaría encontrar algo de mí misma, cualquier pista que me pudiera decir quién soy, de dónde vengo, quiénes eran mis padres…cualquier cosa.
-No te ofendas, pero creo que el asunto con Dailor tiene prioridad.-refunfuñó Saul.
-¡Oh, vamos! Sabes de sobra que somos mucha gente, no creo que pase nada porque dediquemos un tiempo a ayudarla. Los demás pueden arreglárselas solos. Podríamos hablar con Ilíade y arreglarlo.-dijo Ciros, tras escuchar toda la conversación de sus nuevos compañeros.
Hubo un silencio que duró unos cuantos segundos. Segundos en los cuales Lunnei le dio las gracias con una pequeña sonrisa a Ciros y después dibujó algo similar a una cara de pena, prácticamente haciendo pucheros, hacia Saul.
-Bah…Está bien, vamos a hablar con Ilíade. –terminó el pelirrojo.
-¡Gracias! –Contestó notablemente alegrada la joven.- En el fondo sólo eres imbécil a ratos. – y le dedicó una amplia sonrisa.
Ciros rió el comentario de la chica y Saul respondió con indiferencia dándose la vuelta en dirección a Ilíade.
Tras aceptar la maga la propuesta de los tres jóvenes, estos se reunieron para hablar sobre cómo encaminarían la búsqueda.
-¿Y bien? ¿Por dónde se supone que vamos a empezar?- preguntó Saul.
-¿Lun, no recuerdas nada de tu infancia? ¿Cualquier cosa, por pequeña que sea?- dijo Ciros.
-No, nada…Lo único que tengo es esta pulsera.-y les mostró a los chicos una esclava plateada que llevaba en la muñeca.
-Es una pulsera de nacimiento.-afirmó el pelirrojo. –Pero no pone nombre ni fecha. Qué extraño.
-Lo sé, y no lo entiendo. ¿Qué pudo haber ocurrido para que mis padres no la inscribieran? Siempre he tenido curiosidad en ello, pero ahora que lo pienso, si hubiera tenido nombre o cualquier otro dato de mi procedencia seguramente Dailor se habría deshecho de ella, de este modo he podido conservarla conmigo.
-Un momento, ¿puedo?-preguntó el chico del pañuelo.
-Claro. –concedió ella. Se quitó la joya y la posó sobre la mano de él, quien la examinó durante unos instantes.
-Esto no es plata, es metal de Heiss.- concluyó finalmente, con el semblante serio y concentrado.
-¿Metal de Heiss? ¿Qué clase de material es ese?- preguntó la chica.
-Es el metal obtenido de una zona que antiguamente pertenecía al reino del norte, pero que fue invadida por el oeste hace un par de siglos. Tras la guerra, se cuenta que los pantanos de Heiss quedaron rociados por restos de la magia utilizada en combate. Se dice que los materiales obtenidos de estas tierras de bruma poseen parte de magia en su interior.
-Vaya…-exclamó la joven asombrada.
-Bueno, ¿y desde cuándo tú eres un experto en metales?-dijo algo burlesco Saul.
No hubo respuesta por parte de Ciros.
-De todas formas, eso no cambia nada, seguimos sin saber dónde buscar.-repuso ella.
-No estoy cien por cien seguro de qué parte será verdad y cuál mentira, pero existe una leyenda que cuenta que una familia del reino del sur se dedica a fabricar armas y que estas son las mejores de los 4 reinos. Dicen que pueden matarte de un solo roce o dejarte ciego con el mero brillo de su filo, que esconden magia en sus entrañas.- contó Ciros.
-Si nos cuentas esto es porque crees que esas armas están hechas con materiales de Heiss, ¿no?- dijo Saul.
-Humm…-afirmó Ciros.- De cualquier forma, no tenemos nada mejor con lo que empezar y tampoco perdemos nada por intentarlo.
-Estoy de acuerdo.- dijo el pelirrojo.
-¡Pues entonces vamos!-gritó Lunnei entusiasmada.
-Tranquila, no podemos irnos sin más, este viaje llevará su tiempo. Deberíamos hablar antes con Ilíade.
-¡Ah! Claro…-se corrigió ella.
Buscaron a la maga, hablaron y durante algunos minutos se dedicaron a contemplar las posibilidades de que fuera cierto, si merecía la pena el largo viaje. Tras decidir que se realizaría, los chicos y la maga trazaron cuidadosamente todo el plan: el recorrido que trazarían, el tiempo estimado, etc.
A la mañana siguiente, con el alba, se encontraron en la puerta de la casa, con las mochilas preparadas y con muchas ganas, listos para partir.
Cuando Lunnei se despertó volvió a verse en aquella habitación, la misma en la que había amanecido el día anterior, la única diferencia era que en esta ocasión no fueron unos leves rayos de sol los que la despertaron, sino un gran haz de luz que entraba por la ventana. La joven se levantó y se acercó hacia el foco de tanta iluminación y cuando estuvo en el borde se asomó al exterior. Normal que entrara mucha más luz, el sol estaba en lo alto del cielo, debía ser ya más de mediodía. Se desperezó, se frotó los ojos y salió hacia el baño, donde se enjuagó un poco la cara para despertar por completo y se desenredó el pelo suavemente. Aún llevaba puesta la larga camiseta, utilizada como pijama, con la que había dormido, por lo que se dispuso a cambiarse.
Unos 15 minutos más tarde, ya aseada completamente y vestida con otro vestido similar al del día anterior aunque de color azul, comenzó a dar un paseo por la casa en busca de alguna señal de vida más. Silenciosamente se asomó al salón, pero retrocedió rápidamente. Esparcidos por el sofá, el suelo y las sillas, dormían totalmente desordenados todos los inquilinos temporales que habían permanecido en la casa. La mayoría eran hombres, pero podían contarse también un par de mujeres, todos ellos con claros signos de haberse corrido una buena juerga esa noche.
Desde el lugar donde se encontraba, Lunnei miró a lo largo del pasillo pero no encontró a nadie, tan solo puertas cerradas...Pensó que sería mejor no entrar en ninguna de aquellas habitaciones, no quería molestar a nadie. Estaba empezando a sentirse incómoda, no le gustaba estar sola en una casa que no era la suya y con tanta gente que no conocía.
Resignada, salió al patio de atrás, donde se había celebrado la fiesta. Por suerte allí se encontró con rostros conocidos. Ilíade estaba recogiendo la basura que había quedado tirada por el jardín, tarea con la cual colaboraba la joven Leia -la enamorada de Ciros a quien Lunnei solo conocía de vista- y Saul.
- Buenos días. -saludó la chica mientras se acercaba a ellos.
-Hola Lunnei, ¿has dormido bien? -preguntó Ilíade, tan amable como siempre.
-Por la hora a la que se ha levantado, yo diría que sí. -se apresuró a contestar Saul.
Lunnei le lanzó una leve mirada de reproche.
- ¿Tan tarde es?- preguntó curiosa.
-Depende, ¿sueles despertar después de comer?- dijo el joven risueño
-¡¿Qué?!- se sorprendió ella. - Que vergüenza...-reconoció en casi un susurro.
-Míralo por el lado bueno, al menos no eres la última. -contestó el pelirrojo, con su sonrisa nuevamente.
Lunnei no respondió, pero esbozó una pequeña mueca de burla dirigida al chico. Después de la corta conversación se unió al grupo y prosiguió recogiendo con ellos, aunque al mismo tiempo examinó la escena: Saul parecía feliz, como siempre, aunque fuese trabajar lo que estaba haciendo; Ilíade continuaba irradiando elegancia incluso entre basura; y la otra chica, apenas un par de años mayor que ella, parecía centrarse en su labor como si le llevara la vida en ello, como si quisiera evadirse de los otros tres.
La ahijada de Dailor se acercó disimulando a la maga y le preguntó a cerca de aquella joven.
-No te preocupes, no es por ti...-comenzó a explicar.
-Sí, sí que lo es, no le mientas.- cortó Saul de nuevo.
-Pero yo ni si quiera la conozco, no es posible que sienta ningún tipo de resentimiento hacia mí, ¿no? - se extrañó Lunnei.
- Como iba diciendo, no es por ti...exactamente. Leia, que es así como se llama, siempre ha estado interesada en Ciros y él, como ya sabes, nunca ha sido muy abierto ni nada parecido y mucho menos se ha interesado en "esas cosas". -aclaró Ilíade.
-Pero entonces llegas tú y en menos de un día te haces íntima suya. Consigues lo que ella lleva buscando prácticamente toda su vida, ¿cómo te sentirías tú en su lugar?-terminó el chico.
-Bueno, yo...Supongo que la entiendo, pero no me parece justo.
-Nadie dijo que lo fuera.-enunció la maga.
Tras este inciso los 4 continuaron con su trabajo.
Pasaron un par de horas más hasta que todas las personas de la casa estuvieron despiertas. Juntos almorzaron y se reunieron en el jardín, por fin limpio.
-Bien, amigos, después de la agradable velada de ayer –habló Ilíade- debemos continuar con nuestros deberes. Agradecería que os pusieseis en marcha cuanto antes, divididos en los grupos de siempre.
-¿Y qué hacemos con la nueva?-preguntó un hombre.
- Creo que voy a hacer cambios en algunos grupos.-anunció Ilíade.
Voces algo extrañadas, e incluso asustadas por el cambio, se escucharon en ese momento.
- Tranquilos, serán cambios leves. Lunnei marchará con Saul y con Ciros.
-¿Y qué pasa entonces con nosotras? Si Ciros se va nos quedaremos las dos solas.- Contestó una mujer de unos 30 años, compañera de grupo de Ciros y Leia.
-Vosotras dos os repartiréis entre los otros grupos, una en cada uno. –solucionó la maga.
-…Está bien.-contestaron las dos mujeres claramente fastidiadas.
Después de que todo el lío estuvo arreglado, cada grupo partió en la dirección correspondiente.
Lunnei, Saul y Ciros fueron los últimos en abandonar la casa.
-¿Para qué son estos grupos? –preguntó la joven extrañada.
-Son grupos de trabajo. Cada grupo tiene una tarea: unos cazan para la comida, otros recogen provisiones como la madera para el fuego, otros entrenan y otros buscan información sobre Dailor y sus planes. Los grupos van rotando de tarea, cada día se hace una cosa distinta.-contestó Saul.
-¿Y qué pasa con los que se marcharon anoche?
-Nada, se reunirán con sus respectivos grupos en el camino.
La chica asintió con la cabeza para hacerle saber que lo había entendido.
-¿Y qué vamos a hacer nosotros?-volvió a preguntar, curiosa.
-Se supone que debemos ponerte al día de todo y comenzar con tu entrenamiento.-contestó Saul de nuevo.
-Mmm…No es por molestar a nadie, no quisiera cambiar vuestro modo de trabajo, pero…
-¿Pero?
-Me gustaría encontrar algo de mí misma, cualquier pista que me pudiera decir quién soy, de dónde vengo, quiénes eran mis padres…cualquier cosa.
-No te ofendas, pero creo que el asunto con Dailor tiene prioridad.-refunfuñó Saul.
-¡Oh, vamos! Sabes de sobra que somos mucha gente, no creo que pase nada porque dediquemos un tiempo a ayudarla. Los demás pueden arreglárselas solos. Podríamos hablar con Ilíade y arreglarlo.-dijo Ciros, tras escuchar toda la conversación de sus nuevos compañeros.
Hubo un silencio que duró unos cuantos segundos. Segundos en los cuales Lunnei le dio las gracias con una pequeña sonrisa a Ciros y después dibujó algo similar a una cara de pena, prácticamente haciendo pucheros, hacia Saul.
-Bah…Está bien, vamos a hablar con Ilíade. –terminó el pelirrojo.
-¡Gracias! –Contestó notablemente alegrada la joven.- En el fondo sólo eres imbécil a ratos. – y le dedicó una amplia sonrisa.
Ciros rió el comentario de la chica y Saul respondió con indiferencia dándose la vuelta en dirección a Ilíade.
Tras aceptar la maga la propuesta de los tres jóvenes, estos se reunieron para hablar sobre cómo encaminarían la búsqueda.
-¿Y bien? ¿Por dónde se supone que vamos a empezar?- preguntó Saul.
-¿Lun, no recuerdas nada de tu infancia? ¿Cualquier cosa, por pequeña que sea?- dijo Ciros.
-No, nada…Lo único que tengo es esta pulsera.-y les mostró a los chicos una esclava plateada que llevaba en la muñeca.
-Es una pulsera de nacimiento.-afirmó el pelirrojo. –Pero no pone nombre ni fecha. Qué extraño.
-Lo sé, y no lo entiendo. ¿Qué pudo haber ocurrido para que mis padres no la inscribieran? Siempre he tenido curiosidad en ello, pero ahora que lo pienso, si hubiera tenido nombre o cualquier otro dato de mi procedencia seguramente Dailor se habría deshecho de ella, de este modo he podido conservarla conmigo.
-Un momento, ¿puedo?-preguntó el chico del pañuelo.
-Claro. –concedió ella. Se quitó la joya y la posó sobre la mano de él, quien la examinó durante unos instantes.
-Esto no es plata, es metal de Heiss.- concluyó finalmente, con el semblante serio y concentrado.
-¿Metal de Heiss? ¿Qué clase de material es ese?- preguntó la chica.
-Es el metal obtenido de una zona que antiguamente pertenecía al reino del norte, pero que fue invadida por el oeste hace un par de siglos. Tras la guerra, se cuenta que los pantanos de Heiss quedaron rociados por restos de la magia utilizada en combate. Se dice que los materiales obtenidos de estas tierras de bruma poseen parte de magia en su interior.
-Vaya…-exclamó la joven asombrada.
-Bueno, ¿y desde cuándo tú eres un experto en metales?-dijo algo burlesco Saul.
No hubo respuesta por parte de Ciros.
-De todas formas, eso no cambia nada, seguimos sin saber dónde buscar.-repuso ella.
-No estoy cien por cien seguro de qué parte será verdad y cuál mentira, pero existe una leyenda que cuenta que una familia del reino del sur se dedica a fabricar armas y que estas son las mejores de los 4 reinos. Dicen que pueden matarte de un solo roce o dejarte ciego con el mero brillo de su filo, que esconden magia en sus entrañas.- contó Ciros.
-Si nos cuentas esto es porque crees que esas armas están hechas con materiales de Heiss, ¿no?- dijo Saul.
-Humm…-afirmó Ciros.- De cualquier forma, no tenemos nada mejor con lo que empezar y tampoco perdemos nada por intentarlo.
-Estoy de acuerdo.- dijo el pelirrojo.
-¡Pues entonces vamos!-gritó Lunnei entusiasmada.
-Tranquila, no podemos irnos sin más, este viaje llevará su tiempo. Deberíamos hablar antes con Ilíade.
-¡Ah! Claro…-se corrigió ella.
Buscaron a la maga, hablaron y durante algunos minutos se dedicaron a contemplar las posibilidades de que fuera cierto, si merecía la pena el largo viaje. Tras decidir que se realizaría, los chicos y la maga trazaron cuidadosamente todo el plan: el recorrido que trazarían, el tiempo estimado, etc.
A la mañana siguiente, con el alba, se encontraron en la puerta de la casa, con las mochilas preparadas y con muchas ganas, listos para partir.
lunes, 13 de abril de 2009
Cap. 5 : La fiesta
Lunnei salió de la que a partir de ahora sería su habitación, recorrió el pasillo y se asomó al salón en busca de alguna señal de vida en la casa. Mientras observaba el rincón donde se encontraba la mesa alguien la sorprendió por detrás.
-Están fuera.- fue lo único que dijo la voz.
-Ah...hola Ciros. Pensaba se cenaría en el salón, en la mesa.
-No, esta noche toca fuera, en el patio. Es mejor para que salga el humo.
-¿Humo?- preguntó la chica extrañada.
-Sí, Saul ha montado una de sus barbacoas.
-Genial...-contestó ella. La verdad es que no tenía mucha hambre, pero no le quedaría otro remedio que comer.- Por cierto, antes cuando Saul vino a buscarme dijo algo sobre presentarme a alguien -en realidad dijo "presentarle a la corte" pero no le pareció importante ese detalle, no quería que Ciros pensara que tmabién ella era estúpida. - ¿no sabrás tú a quién se refería,no?
El joven dibujó una media sonrisa detrás del pañuelo qe le cubría media cara.
-Claro que sí. Han venido todos a conocerte.
-¿Todos? ¿Cómo que todos? ¿A qué te refieres con todos?- Estaba aterrorizada. Precisamente la sociabilidad no era uno de sus puntos fuertes, no sabría cómo reaccionar antes las cientos de preguntas que le harían y ádemás, le daba miedo lo que pudieran pensar de ella.
-Todas las personas que trabajan junto a nosotros para destruir a Dailor y estaban por los alrededores se han acercado para contemplar con sus propios ojos a la "nueva".
-A la nueva ¿por qué? Yo en ningún momento he dicho que me iba a unir a vosotros, tan solo duermo aquí hasta que encuentre algún otro sitio donde quedarme.- estaba empezando a enfadarse.
-A mí no me importa en absoluto, pero tendrás que salir y hacerles frente.
- Ya...Lo entiendo.- y bajó la mirada, asustada.
Juntos salieron de la casa, cruzaron la puerte de una pequeña valla de madera y se acercaron a los demás.
Había bastante gente, más de la que se esperaba, y todos habían vuelto la cabeza para mirarla a ella, solo a ella.
-¿Todas estas personas viven aquí?-le susurró la chica impactada.
-No, solo unos cuantos, pero no sé qué cantidad se quedará hoy a dormir.-le contestó él también en un susurro.
-Y bien, ¿no nos la va a presentar nadie? -gritó un hombre de unos cuarenta y tantos años, con algo de barriga y una barba negra y voluminosa que le enmarcaba la cara.
Iliade se hizo destacar de entre la multitud y salió hacia lo que más o menos era el centro del pequeño recinto.
-Amigos, todos habéis venido aquí para conocer a la joven que casi condena nuestras vidas y las del resto del mundo.-un rumor se escuchó entonces entre los extraños.-Y yo os digo que no está.-el rumor se extinguió y en los rostros de la gente aparecieron expresiones de duda y confusión.-La joven que tenéis ante vosotros no es una "casi" sino una chica que sorevivió a la ira de Dailor, que ahora mismo no tiene familia, no tiene amigos, ni si quiera tiene un sitio donde dormir a parte de este lugar. Su nombre es Lunnei, me gustaría que la trataseis lo más amablemente que podáis y que por favor no la asustéis. Todo esto es nuevo para ella.-el rumor volvió a levantarse y de las caras de la gente desapareció la duda, para dar lugar al alivio y las sonrisas.
-Y dicho esto, ¡vamos a comer!-dijo Saul para romper el silencio que se había creado tras el discurso de Iliade.
Todos los presentes volvieron a las cosas que estaban haciendo antes de la entrada de Lunnei y continuaron con sus conversaciones.
-Fiuu..-exclamó la chica en un suspiro de alivio.
En esto, el pelirrojo se acercó felizmente hacia los dos jóvenes.
-¿Nunca vas a deja de sonreir?-le recriminó ella, la ponía verdaderamente nerviosa.
-¿Mmm?-dijo entre dientes él, borrando por un momento la sonrisa.-¿Acaso te molesta?
-Pues sinceramente, un poco sí.-dijo.
-Respuesta incorrecta- comentó Ciros.
-¿Qué? ¿Por qué?- preguntó ella.
-Porque más motivo me das para seguir sonriendo, pequeña Lunn. -dijo Saul, mientras recuperaba su espléndida sonrisa.
Ella se quedó paralizada por un momento. No le había gustado la respuesta que le había dado, pero aquella sonrisa lo arregló todo, y eso la sacaba de quicio.
-Muérete. -exclamó la joven, y lanzó otra de sus bocanadas de aire hacia el pelirrojo.
Entonces este cayó al suelo de espaldas y todo el mundo se quedó mirando a la chica. Un silencio incómodo se extendió por el jardín.
- Tranquilos, no os preocupéis por mí, estoy perfectamente.- dijo Saul para romper el hielo.
Y seguidamente se levantó y puso algo de música. Lunnei observó como el risueño joven la atravesó con una dura mirada y, aunque fuera difícil de creer, la asustó. Sin darse cuenta, retrocedió un par de pasos.
Ciros se dio cuenta de la reacción de la chica y decidió sacarla de allí.
-Vamos- y la cogió por el brazo arrastrándola hacia una esquina algo apartada de los demás.
-Genial, ha sido una entrada genial la mía. – comentó abatida mientras se sentaba en el suelo.
-Tranquila, no has estado tan mal.- intentó tranquilizarla él mientras se sentaba a su lado.- Siempre puede ser peor.
-Gracias, supongo.
- No hay de qué.
-Sinceramente, me ayuda tu presencia, no sé si debo decirte esto pero…siento…siento como si nos conociéramos de antes, como una especie de conexión. Llámame tonta pero eso es lo que percibo y…en fin, da igual, olvida lo que he dicho.
-No, yo también lo he sentido.
-¿En serio?- preguntó la chica sorprendida y extrañada.
- Sí, es extraño, nunca antes había sentido nada igual, ni si quiera parecido, es más, nunca antes me había interesado por nadie. Como habrás notado no soy muy sociable. Nunca he necesitado de nadie a mi lado y tampoco me he molestado en buscar.
-Valla…No lo entiendo muy bien. Entonces, ¿por qué conmigo eres tan amable?-estaba confusa.
-Ni idea, contigo me sale así, natural.
La chica estaba muy perdida, por una parte le alagaba sr “especial” para el chico misterios, pero por otra todo le resultaba de lo más extraño, cosa que se notaba en su rostro y él lo observó.
-No te preocupes, no eres la única que no lo entiende. Yo tampoco puedo comprenderlo y parece ser que ellos menos aún.
-¿…?
La joven volvió a perderse y el chico respondió con un leve movimiento de la cabeza hacia el frente. Ella miró en la dirección que le había indicado y vio a un grupo de personas mirándoles y cuchicheando algo. Entre ellos se encontraban Iliade, Saul y el hombre de barba que había hablado al principio de la cena.
-No me puedo creer que haya entablado amistad con Ciros.- exclamó una mujer de unos treinta y tantos, de pelo muy corto de color verde azulado.
- Ya, yo tampoco. –comentó otra increíblemente parecida, seguramente su hermana gemela.
- Qué esperabais, los dos son raros, oscuros y antisociales. – escupió Saul, todavía enfadado por la caída.
-Saul…Cuida tus modales. – le regañó Iliade.- Yo veo bien que estén juntos, Ciros siempre ha estado él solo…
-Porque ha querido – cortó una joven.
El silencio se hizo en el grupo. La joven que acababa de hablar era Leia, una aliada desde muy pequeña ya que sus padres también estaban involucrados. Por todos era sabido que Leia estaba detrás de Ciros desde hacía ya algunos años y que todavía no lo había superado, siempre intentaba fastidiarle por despecho.
-Él es así, no debemos culparle ni cuchichear a sus espaldas, al contrario, deberíais estar contentos de que por fin haya encontrado a alguien como él.-continuó Iliade.
-Ella no es como él. - dijo Saul, raramente serio.- Tiene algo distinto, diferente...-miró a Lunnei entrecerrando los ojos, como examinándola.
-Es cierto, tiene carácter. – le informó Iliade.
El chico salió de su trance y echó a reír.
-¡Ya te digo!-exclamó mientras se tocaba la parte de atrás de la cabeza.
El resto de la noche fue similar, la gente estaba dividida en grupos que iban variando con las horas, Saul cantaba y reía como siempre y Ciros y Lunnei seguían en el rincón.
La velada se alargó hasta el amanecer. Poco a poco los asistentes a la fiesta fueron despidiéndose y marchándose excepto 12, que se quedarían a dormir en la casa.
Por fin Lunnei se decidió a irse a la cama, convencida por el joven del pañuelo, ya que a ella no le apetecía nada dormir. Se lo había pasado realmente bien con Ciros, hablaron de todo, si antes pensaban que se conocían ahora parecía que llevaban viviendo juntos toda la vida. Al final, la chica llegó a la conclusión de que él no era como todos pensaban y empezó a sentirse muy cómoda a su lado. Había encontrado un amigo.
-Están fuera.- fue lo único que dijo la voz.
-Ah...hola Ciros. Pensaba se cenaría en el salón, en la mesa.
-No, esta noche toca fuera, en el patio. Es mejor para que salga el humo.
-¿Humo?- preguntó la chica extrañada.
-Sí, Saul ha montado una de sus barbacoas.
-Genial...-contestó ella. La verdad es que no tenía mucha hambre, pero no le quedaría otro remedio que comer.- Por cierto, antes cuando Saul vino a buscarme dijo algo sobre presentarme a alguien -en realidad dijo "presentarle a la corte" pero no le pareció importante ese detalle, no quería que Ciros pensara que tmabién ella era estúpida. - ¿no sabrás tú a quién se refería,no?
El joven dibujó una media sonrisa detrás del pañuelo qe le cubría media cara.
-Claro que sí. Han venido todos a conocerte.
-¿Todos? ¿Cómo que todos? ¿A qué te refieres con todos?- Estaba aterrorizada. Precisamente la sociabilidad no era uno de sus puntos fuertes, no sabría cómo reaccionar antes las cientos de preguntas que le harían y ádemás, le daba miedo lo que pudieran pensar de ella.
-Todas las personas que trabajan junto a nosotros para destruir a Dailor y estaban por los alrededores se han acercado para contemplar con sus propios ojos a la "nueva".
-A la nueva ¿por qué? Yo en ningún momento he dicho que me iba a unir a vosotros, tan solo duermo aquí hasta que encuentre algún otro sitio donde quedarme.- estaba empezando a enfadarse.
-A mí no me importa en absoluto, pero tendrás que salir y hacerles frente.
- Ya...Lo entiendo.- y bajó la mirada, asustada.
Juntos salieron de la casa, cruzaron la puerte de una pequeña valla de madera y se acercaron a los demás.
Había bastante gente, más de la que se esperaba, y todos habían vuelto la cabeza para mirarla a ella, solo a ella.
-¿Todas estas personas viven aquí?-le susurró la chica impactada.
-No, solo unos cuantos, pero no sé qué cantidad se quedará hoy a dormir.-le contestó él también en un susurro.
-Y bien, ¿no nos la va a presentar nadie? -gritó un hombre de unos cuarenta y tantos años, con algo de barriga y una barba negra y voluminosa que le enmarcaba la cara.
Iliade se hizo destacar de entre la multitud y salió hacia lo que más o menos era el centro del pequeño recinto.
-Amigos, todos habéis venido aquí para conocer a la joven que casi condena nuestras vidas y las del resto del mundo.-un rumor se escuchó entonces entre los extraños.-Y yo os digo que no está.-el rumor se extinguió y en los rostros de la gente aparecieron expresiones de duda y confusión.-La joven que tenéis ante vosotros no es una "casi" sino una chica que sorevivió a la ira de Dailor, que ahora mismo no tiene familia, no tiene amigos, ni si quiera tiene un sitio donde dormir a parte de este lugar. Su nombre es Lunnei, me gustaría que la trataseis lo más amablemente que podáis y que por favor no la asustéis. Todo esto es nuevo para ella.-el rumor volvió a levantarse y de las caras de la gente desapareció la duda, para dar lugar al alivio y las sonrisas.
-Y dicho esto, ¡vamos a comer!-dijo Saul para romper el silencio que se había creado tras el discurso de Iliade.
Todos los presentes volvieron a las cosas que estaban haciendo antes de la entrada de Lunnei y continuaron con sus conversaciones.
-Fiuu..-exclamó la chica en un suspiro de alivio.
En esto, el pelirrojo se acercó felizmente hacia los dos jóvenes.
-¿Nunca vas a deja de sonreir?-le recriminó ella, la ponía verdaderamente nerviosa.
-¿Mmm?-dijo entre dientes él, borrando por un momento la sonrisa.-¿Acaso te molesta?
-Pues sinceramente, un poco sí.-dijo.
-Respuesta incorrecta- comentó Ciros.
-¿Qué? ¿Por qué?- preguntó ella.
-Porque más motivo me das para seguir sonriendo, pequeña Lunn. -dijo Saul, mientras recuperaba su espléndida sonrisa.
Ella se quedó paralizada por un momento. No le había gustado la respuesta que le había dado, pero aquella sonrisa lo arregló todo, y eso la sacaba de quicio.
-Muérete. -exclamó la joven, y lanzó otra de sus bocanadas de aire hacia el pelirrojo.
Entonces este cayó al suelo de espaldas y todo el mundo se quedó mirando a la chica. Un silencio incómodo se extendió por el jardín.
- Tranquilos, no os preocupéis por mí, estoy perfectamente.- dijo Saul para romper el hielo.
Y seguidamente se levantó y puso algo de música. Lunnei observó como el risueño joven la atravesó con una dura mirada y, aunque fuera difícil de creer, la asustó. Sin darse cuenta, retrocedió un par de pasos.
Ciros se dio cuenta de la reacción de la chica y decidió sacarla de allí.
-Vamos- y la cogió por el brazo arrastrándola hacia una esquina algo apartada de los demás.
-Genial, ha sido una entrada genial la mía. – comentó abatida mientras se sentaba en el suelo.
-Tranquila, no has estado tan mal.- intentó tranquilizarla él mientras se sentaba a su lado.- Siempre puede ser peor.
-Gracias, supongo.
- No hay de qué.
-Sinceramente, me ayuda tu presencia, no sé si debo decirte esto pero…siento…siento como si nos conociéramos de antes, como una especie de conexión. Llámame tonta pero eso es lo que percibo y…en fin, da igual, olvida lo que he dicho.
-No, yo también lo he sentido.
-¿En serio?- preguntó la chica sorprendida y extrañada.
- Sí, es extraño, nunca antes había sentido nada igual, ni si quiera parecido, es más, nunca antes me había interesado por nadie. Como habrás notado no soy muy sociable. Nunca he necesitado de nadie a mi lado y tampoco me he molestado en buscar.
-Valla…No lo entiendo muy bien. Entonces, ¿por qué conmigo eres tan amable?-estaba confusa.
-Ni idea, contigo me sale así, natural.
La chica estaba muy perdida, por una parte le alagaba sr “especial” para el chico misterios, pero por otra todo le resultaba de lo más extraño, cosa que se notaba en su rostro y él lo observó.
-No te preocupes, no eres la única que no lo entiende. Yo tampoco puedo comprenderlo y parece ser que ellos menos aún.
-¿…?
La joven volvió a perderse y el chico respondió con un leve movimiento de la cabeza hacia el frente. Ella miró en la dirección que le había indicado y vio a un grupo de personas mirándoles y cuchicheando algo. Entre ellos se encontraban Iliade, Saul y el hombre de barba que había hablado al principio de la cena.
-No me puedo creer que haya entablado amistad con Ciros.- exclamó una mujer de unos treinta y tantos, de pelo muy corto de color verde azulado.
- Ya, yo tampoco. –comentó otra increíblemente parecida, seguramente su hermana gemela.
- Qué esperabais, los dos son raros, oscuros y antisociales. – escupió Saul, todavía enfadado por la caída.
-Saul…Cuida tus modales. – le regañó Iliade.- Yo veo bien que estén juntos, Ciros siempre ha estado él solo…
-Porque ha querido – cortó una joven.
El silencio se hizo en el grupo. La joven que acababa de hablar era Leia, una aliada desde muy pequeña ya que sus padres también estaban involucrados. Por todos era sabido que Leia estaba detrás de Ciros desde hacía ya algunos años y que todavía no lo había superado, siempre intentaba fastidiarle por despecho.
-Él es así, no debemos culparle ni cuchichear a sus espaldas, al contrario, deberíais estar contentos de que por fin haya encontrado a alguien como él.-continuó Iliade.
-Ella no es como él. - dijo Saul, raramente serio.- Tiene algo distinto, diferente...-miró a Lunnei entrecerrando los ojos, como examinándola.
-Es cierto, tiene carácter. – le informó Iliade.
El chico salió de su trance y echó a reír.
-¡Ya te digo!-exclamó mientras se tocaba la parte de atrás de la cabeza.
El resto de la noche fue similar, la gente estaba dividida en grupos que iban variando con las horas, Saul cantaba y reía como siempre y Ciros y Lunnei seguían en el rincón.
La velada se alargó hasta el amanecer. Poco a poco los asistentes a la fiesta fueron despidiéndose y marchándose excepto 12, que se quedarían a dormir en la casa.
Por fin Lunnei se decidió a irse a la cama, convencida por el joven del pañuelo, ya que a ella no le apetecía nada dormir. Se lo había pasado realmente bien con Ciros, hablaron de todo, si antes pensaban que se conocían ahora parecía que llevaban viviendo juntos toda la vida. Al final, la chica llegó a la conclusión de que él no era como todos pensaban y empezó a sentirse muy cómoda a su lado. Había encontrado un amigo.
martes, 7 de abril de 2009
Cap. 4 : El misterioso Ciros
La chica se levantó del sofá y acompañó a Iliade hacia la salida. Cuando esta se hubo marchado, la joven se dejó resbalar por la madera de la puerta hasta quedar sentada en el suelo. Estaba confusa y tenía la mente exhausta de tantas cosas nuevas.
Pasaron unos cuantos minutos durante los cuales la chica fue cayendo poco a poco en un sueño, pero cuando por fin se quedó dormida la puerta se abrió y le golpeó en la espalda. La chica se despertó súbitamente.
-¡Auh! - exclamó- ¡Mierda! ¿Quién leches ha...- pero la voz se le apagó al contemplar a un misterioso joven, quizá algo más mayor que ella.
Era alto, fuerte, con el pelo de un negro muy oscuro igual que el de ella, pero este de menor longitud, corto, aunque algo más largo que el del otro chico, Saul. Los ojos también eran parecidos a los de ella, grandes y negros, muy profundos. De los demás rasgos de la cara no se podía decir gran cosa, ya que el joven llevaba un pañuelo azul oscuro atado al cuello, abierto por la parte de alante de manera que le tapaba la boca y parte de la nariz.
-Lo siento.- dijo el chico prácticamente indiferente.
-N...no pasa nada.- respondió Lunnei sorprendida.
Aquel era el chico más extraño que había visto en su vida, pero por alguna razón sentía que ya le conocía, como una extraña conexión entre ambos. Era raro, sí, pero no se sentía incómoda con él para nada.
Después de unos pocos segundos de parálisis la joven volvió en sí y reaccionó levantándose rápidamente del suelo y apartándose del camino del misterioso joven. Él avanzó hacia adelante, pero entonces, sin apenas girarse, con un leve movimiento hacia la derecha de la cabeza, el chico habló.
-No deberías estar tirada en el suelo de esa forma.-dijo todavía en un tono indiferente.
Nunca había sido muy dado a las conversaciones y a las relaciones con el resto del mundo, pero parecía que él también había sentido esa conexión.
Ante la frase del joven, ella agachó la cabeza ocultando el rubor de sus mejillas.
-Ciros tiene razón, la cama suele ser más cómoda, Lunn.- dijo una voz que acababa de entrar a la casa.
Lunnei se giró y lo primero que vio fueron esos ojos del color del mar, aunque solo significaban que no se había equivocado en su suposición sobre a quién pertenecía la voz.
-¿Otra vez tú? ¿No se suponía que volverías a la hora de cenar?- respondió la chica.
-Sí, pero no quería dejar a Ciros a solas contigo, quién sabe si sobreviviría.- contestó el pelirrojo. Inmediatamente después de terminar la frase fingió un escalofrío exagerado por todo el cuerpo.
-He venido a solas contigo todo el camino, creo que me las habría apañado con ella.- reprochó el joven misterioso llamado Ciros.
Lunnei no sabía por qué, pero había vuelto a sonrojarse. Quizá le alagó que la defendieran.
-Oye, no te pases.- refunfuñó el alegre joven.- Voy a preparar esto, luego nos vemos-y señaló hacia atrás con el pulgar, hacia lo que parecía un ciervo muerto que había en la entrada de la casa. Tras eso, salió fuera, recogió el bulto y se marchó al patio de atrás.
La joven levantó la cabeza, con la cara todavía algo rosada y se dirigió al chico que quedaba.
-Gracias. -fue lo único que dijo.
-De nada, pero en el fondo tiene razón, la cama es un lugar más apropiado para dormir.- respondió él, pero no con sarcasmo, como había hecho el pelirrojo, sino con algo parecido a la ternura.
Qué extraño.
-Lo sé, lo siento, yo...no pretendía quedarme dormida, tan solo me senté un momento pero no pude evitar cerrar los ojos. Han pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo.
-Mmm...-asintió él.- Si no recuerdo mal, Saul te ha llamado...¿Lunn?
-Sí.-contestó la chica algo mosqueada.- A penas nos conocemos y ya se ha tomado las confianzas suficientes como para cambiarme el nombre.
-¿Cambiarte el nombre? ¿Entonces no viene de Lunnei?- preguntó algo extrañado.
-Sí, bueno, cambiarme, abreviarme...El caso es que es muy descarado.
-Un poco insoportable.
-Eso mismo le dije yo a Iliade.- comentó la chica dibujando una gran sonrisa. Por fin la comprendían.
-Bueno, entonces tú eres Lunnei, ¿no? -preguntó por última vez el joven para salir de dudas.
-La misma, la casi-traidora, casi-vasalla, casi-enemiga...Llámame como quieras, todos lo hacen. - dijo ella teniendo ya asumido su papel.
-Chsss...No todos.
El rubor volvió una vez más a sus pómulos.
-Soy Ciros, encantado. -se presentó él- Ahora me voy a duchar, nos vemos en la cena. -y con un movimiento de la mano se despidió.
-A....Adiós. -le contestó, pero demasiado tarde como para que él la prestara atención.
Mientras esperaba a la cena, la chica decidió meterse en el cuarto en el que había pasado la noche anterior e intentar descansar algo. Consiguió dormir un poco más pero alguien entró en la habitación alrededor de 30 minutos después.
-La cena está lista.- informó el pelirrojo.
-¡Tú! ¡Siempre tú! Podrías llamar a la puerta al menos, me has asustado.-le regañó ella.
-Está bien, lo tendré en cuenta para la próxima vez, mi señora. - e hizo una reverencia. -Ahora si no le importa adecéntese un poco, la corte la espera para su presentación.
-Imbécil...-suspiró ella.
-Gracias.- respondió el joven con una radiante y expléndida sonrisa en su rostro, sonrisa que
sacaba de quicio a la nueva habitante de la casa. Aunque en el fondo...muy en el fondo, le gustaba.
-Bueno ya está bien, lárgate de aquí, ¿quieres?- y se acercó a él pegándole pequeños empujones en el pecho para echarle de la habitación.
-Tranquila, ya me voy. Pero antes quería decirte una cosa.
El pelirrojo se acercó despacio al oído de la joven, le apartó el pelo y habló.
-Intenta controlar tus emociones, eres demasiado transparente y por lo tanto demasiado débil.
-¿Qué estás diciendo? ¿A qué viene esto?- preguntó ella sin poder evitar agachar la cabeza para esconder sus ya típicos sonrojos.
-¿Ves? A eso me refiero. Te pones colorada con facilidad, cualquiera que te observe durante algún tiempo se daría cuenta.
La intensidad de aquel rosa aumentó, pasando al rojo.
-Lo siento, pero no puedo evitarlo. Es parte de mí.-contestó ella a la defensiva.
-Lo sé, a mí no me molesta, pero es peligroso.
-No dices más que tonterías, vete de aquí ya, quiero arreglarme un poco.
El joven se dio la vuelta dispuesto a salir de la habitación y ella hizo lo mismo, se giró en busca del neceser con el cepillo, la colonia, etc. que le había dejado Iliade. Pero cuando creía que Saul ya se había ido, este volvió a hablar.
-De todas formas no debes preocuparte en exceso, el rojo te sienta bastante bien.- y dibujó otra de sus radiantes sonrisas antes de marcharse.
Aunque esta vez Lunnei no llegó a verla ya que se quedó paralizada por la afirmación del chico y cuando quiso darse la vuelta este ya se había ido.
Decidió no darle más vueltas a lo que había sucedido hacía unos segundos y se centró en asearse. Se desenredó la media melena negra y se recogió los mechones de pelo delanteros en una pequeña coletita detrás de la cabeza. Se alisó el vestido verde pálido con las manos y por último se echó algo de colonia. Estaba lista para la cena.
Pasaron unos cuantos minutos durante los cuales la chica fue cayendo poco a poco en un sueño, pero cuando por fin se quedó dormida la puerta se abrió y le golpeó en la espalda. La chica se despertó súbitamente.
-¡Auh! - exclamó- ¡Mierda! ¿Quién leches ha...- pero la voz se le apagó al contemplar a un misterioso joven, quizá algo más mayor que ella.
Era alto, fuerte, con el pelo de un negro muy oscuro igual que el de ella, pero este de menor longitud, corto, aunque algo más largo que el del otro chico, Saul. Los ojos también eran parecidos a los de ella, grandes y negros, muy profundos. De los demás rasgos de la cara no se podía decir gran cosa, ya que el joven llevaba un pañuelo azul oscuro atado al cuello, abierto por la parte de alante de manera que le tapaba la boca y parte de la nariz.
-Lo siento.- dijo el chico prácticamente indiferente.
-N...no pasa nada.- respondió Lunnei sorprendida.
Aquel era el chico más extraño que había visto en su vida, pero por alguna razón sentía que ya le conocía, como una extraña conexión entre ambos. Era raro, sí, pero no se sentía incómoda con él para nada.
Después de unos pocos segundos de parálisis la joven volvió en sí y reaccionó levantándose rápidamente del suelo y apartándose del camino del misterioso joven. Él avanzó hacia adelante, pero entonces, sin apenas girarse, con un leve movimiento hacia la derecha de la cabeza, el chico habló.
-No deberías estar tirada en el suelo de esa forma.-dijo todavía en un tono indiferente.
Nunca había sido muy dado a las conversaciones y a las relaciones con el resto del mundo, pero parecía que él también había sentido esa conexión.
Ante la frase del joven, ella agachó la cabeza ocultando el rubor de sus mejillas.
-Ciros tiene razón, la cama suele ser más cómoda, Lunn.- dijo una voz que acababa de entrar a la casa.
Lunnei se giró y lo primero que vio fueron esos ojos del color del mar, aunque solo significaban que no se había equivocado en su suposición sobre a quién pertenecía la voz.
-¿Otra vez tú? ¿No se suponía que volverías a la hora de cenar?- respondió la chica.
-Sí, pero no quería dejar a Ciros a solas contigo, quién sabe si sobreviviría.- contestó el pelirrojo. Inmediatamente después de terminar la frase fingió un escalofrío exagerado por todo el cuerpo.
-He venido a solas contigo todo el camino, creo que me las habría apañado con ella.- reprochó el joven misterioso llamado Ciros.
Lunnei no sabía por qué, pero había vuelto a sonrojarse. Quizá le alagó que la defendieran.
-Oye, no te pases.- refunfuñó el alegre joven.- Voy a preparar esto, luego nos vemos-y señaló hacia atrás con el pulgar, hacia lo que parecía un ciervo muerto que había en la entrada de la casa. Tras eso, salió fuera, recogió el bulto y se marchó al patio de atrás.
La joven levantó la cabeza, con la cara todavía algo rosada y se dirigió al chico que quedaba.
-Gracias. -fue lo único que dijo.
-De nada, pero en el fondo tiene razón, la cama es un lugar más apropiado para dormir.- respondió él, pero no con sarcasmo, como había hecho el pelirrojo, sino con algo parecido a la ternura.
Qué extraño.
-Lo sé, lo siento, yo...no pretendía quedarme dormida, tan solo me senté un momento pero no pude evitar cerrar los ojos. Han pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo.
-Mmm...-asintió él.- Si no recuerdo mal, Saul te ha llamado...¿Lunn?
-Sí.-contestó la chica algo mosqueada.- A penas nos conocemos y ya se ha tomado las confianzas suficientes como para cambiarme el nombre.
-¿Cambiarte el nombre? ¿Entonces no viene de Lunnei?- preguntó algo extrañado.
-Sí, bueno, cambiarme, abreviarme...El caso es que es muy descarado.
-Un poco insoportable.
-Eso mismo le dije yo a Iliade.- comentó la chica dibujando una gran sonrisa. Por fin la comprendían.
-Bueno, entonces tú eres Lunnei, ¿no? -preguntó por última vez el joven para salir de dudas.
-La misma, la casi-traidora, casi-vasalla, casi-enemiga...Llámame como quieras, todos lo hacen. - dijo ella teniendo ya asumido su papel.
-Chsss...No todos.
El rubor volvió una vez más a sus pómulos.
-Soy Ciros, encantado. -se presentó él- Ahora me voy a duchar, nos vemos en la cena. -y con un movimiento de la mano se despidió.
-A....Adiós. -le contestó, pero demasiado tarde como para que él la prestara atención.
Mientras esperaba a la cena, la chica decidió meterse en el cuarto en el que había pasado la noche anterior e intentar descansar algo. Consiguió dormir un poco más pero alguien entró en la habitación alrededor de 30 minutos después.
-La cena está lista.- informó el pelirrojo.
-¡Tú! ¡Siempre tú! Podrías llamar a la puerta al menos, me has asustado.-le regañó ella.
-Está bien, lo tendré en cuenta para la próxima vez, mi señora. - e hizo una reverencia. -Ahora si no le importa adecéntese un poco, la corte la espera para su presentación.
-Imbécil...-suspiró ella.
-Gracias.- respondió el joven con una radiante y expléndida sonrisa en su rostro, sonrisa que
sacaba de quicio a la nueva habitante de la casa. Aunque en el fondo...muy en el fondo, le gustaba.-Bueno ya está bien, lárgate de aquí, ¿quieres?- y se acercó a él pegándole pequeños empujones en el pecho para echarle de la habitación.
-Tranquila, ya me voy. Pero antes quería decirte una cosa.
El pelirrojo se acercó despacio al oído de la joven, le apartó el pelo y habló.
-Intenta controlar tus emociones, eres demasiado transparente y por lo tanto demasiado débil.
-¿Qué estás diciendo? ¿A qué viene esto?- preguntó ella sin poder evitar agachar la cabeza para esconder sus ya típicos sonrojos.
-¿Ves? A eso me refiero. Te pones colorada con facilidad, cualquiera que te observe durante algún tiempo se daría cuenta.
La intensidad de aquel rosa aumentó, pasando al rojo.
-Lo siento, pero no puedo evitarlo. Es parte de mí.-contestó ella a la defensiva.
-Lo sé, a mí no me molesta, pero es peligroso.
-No dices más que tonterías, vete de aquí ya, quiero arreglarme un poco.
El joven se dio la vuelta dispuesto a salir de la habitación y ella hizo lo mismo, se giró en busca del neceser con el cepillo, la colonia, etc. que le había dejado Iliade. Pero cuando creía que Saul ya se había ido, este volvió a hablar.
-De todas formas no debes preocuparte en exceso, el rojo te sienta bastante bien.- y dibujó otra de sus radiantes sonrisas antes de marcharse.
Aunque esta vez Lunnei no llegó a verla ya que se quedó paralizada por la afirmación del chico y cuando quiso darse la vuelta este ya se había ido.
Decidió no darle más vueltas a lo que había sucedido hacía unos segundos y se centró en asearse. Se desenredó la media melena negra y se recogió los mechones de pelo delanteros en una pequeña coletita detrás de la cabeza. Se alisó el vestido verde pálido con las manos y por último se echó algo de colonia. Estaba lista para la cena.
Cap. 3 : La verdad
Bueno, ya que continué con el relato de hace unos días, me gustaría seguir con él y es lo que voy a hacer, lo escribo aquí para no tener que poner "continuación" en todos los títulos jaja. A continuación dejo un fragmento más, no es que sea muy bueno pero sí necesario para crear una trama así que ahí lo dejo. Seguramente hoy mismo suba más. Espero que continueis leyéndolo ^^
________________________________________________________________
Entraron al salón, una pequeña habitación sencilla y acogedora, apenas alumbrada por las llamas de una chimenea de ladrillo que se incrustaba en la
pared frente a un sofá y un par de butacas. A la derecha, pegada al muro y debajo de un gran ventanal con las cortinas cerradas, se encontraba una mesa de madera con dos sillas colocadas en su lateral libre. A Lunnei le pareció bastante bonito.
-Puedes sentarte -dijo Iliade mientras señalaba el sofá con la cabeza- yo voy a por algo para tomar mientras hablamos.
La joven se acomodó en el sofá y esperó a que la maga regresara. Un par de minutos después entró al salón con una bandeja en la que estaban colocadas dos tazas de café, una jarra de leche y un surtido de bollitos. La boca de Lunnei empezó a encharcarse de saliva, no se había dado cuenta antes, pero tenía muchísima hambre. Cuando Iliade se sentó en el sofá, al lado de la chica, comenzó a hablar.
-Bien, es cierto que trabajo para Dailor, es cierto que contribuyo a sus planes, es cierto que soy la encargada de la zona este. Todo es cierto, pero también es falso. La verdadera historia es, que al igual que tú, yo también fui engañada y utilizada, pero descubrí lo que tramaba a tiempo y pude trazar un plan de ataque, así que ahora actúo de espía. ¿Cómo crees que supimos de tu existencia? Como tú bien has dicho antes, soy una de las personas de confianza de Dailor, por lo que la mayoría de las cosas las consulta conmigo y los otros 3 Segundos: Karsel-Pui, en el sur; Kuram-Mei, en el oeste...
-Y Keicu-Do en el norte. Lo sé, ya le he dicho que les he estudiado, tanto sus biografías como sus conocimientos. Conozco tanto de ustedes coom el propio Dailor. Era parte de mi entrenamiento.
-Bueno, pues entonces entenderás por qué hago esto.
-Supongo que sí. Con su permanencia en la organización usted, Saul y los demás que participen en la lucha siempre podrán ir un paso por delante de Dailor.
-Exacto -asintió con la cabeza- Pero ahora nuestros planes a ti no deben preocuparte. Es mejor que te centres en pensar que vas a hacer.
-Es verdad...No tengo ni idea. Todo ha pasado tan deprisa que apenas me ha dado tiempo a asimilarlo. Mi mundo está patas arriba y ya no tengo a nadie. -Bajó la cabeza, triste de nuevo.
- No te preocupes, puedes quedarte con nosotros, al menos hasta que sepas qué vas a hacer.
-No me gustaría causar molestias a nadie.
-Tranquila, no es ninguna molestia. Además, aquí casi no se darán cuenta de tu presencia, son tantos...
- ¿Tantos? ¿Pero es que Saul no vive solo?
La maga rió ante tal idea. Esa era una casa de locos, ya no podía imaginársela con un solo habitante.
-No, son alrededor de 7. A veces más y a veces menos. Se podría decir que esto es como una especie de hostal de paso. En algún sitio tendrán que dormir nuestros aliados cuando vienen por estas tierras.
-¿Y cómo es que solo hay dos sillas en la mesa?- se extrañó la joven. Había visto perfectamente el salón y ahí no podían caber muchas personas.
-Bueno, rara vez coinciden todos en casa y mucho menos a la hora de comer. Ya has visto a Saul que pronto se ha marchado, así es todos los días, solo paran para dormir.
Lunnei sonrió. Estos datos la tranquilizaron bastante. Nunca le gustó demasiado estar rodeada de mucha gente, pero ahora no tenía otra elección, no tenía ningún lugar donde ir, así que tendría que permanecer allí durante algún tiempo y el hecho de que la casa fuera una leonera le facilitaba bastante la convivencia.
-En ese caso me quedaré aquí. Voy a centrarme en averiguar cosas sobre mí, mis padres, mi lugar de nacimiento...Todo lo que pueda encontrar. Antes nunca me había intrigado mucho ya que consideraba al maest...a Dailor como mi padre, pero ahora que sé que todo era una mentira y no tengo nada mejor que hacer me gustaría saber quién soy en realidad y si todavía tengo familia.
-Me parece perfecto, hija mía. Aquí recibiás apoyo seguro de todos, puedes estar tranquila.
-Genial.-dijo la chica por decir algo, la verdad es que no necesitaba a toda esa gente, le valía con comida y una cama donde dormir.
-Y por supuesto puedes contar conmigo para lo que haga falta. Paso mucho tiempo aquí así que no tendrás ningún problema en encontrarme para lo que necesites. -y le dedicó otra majestuosa sonrisa a la joven.- Pero ahora debo marcharme, las labores como Kara-Sem deben ser continuadas o Dailor podría sospechar.
-Está bien. Muchas gracias por todo. Hasta pronto.
La chica se levantó del sofá y acompañó a Iliade hacia la salida. Cuando esta se hubo marchado, la joven se dejó resbalar por la madera de la puerta hasta quedar sentada en el suelo. Estaba confusa y tenía la mente exhausta de tantas cosas nuevas.
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Entraron al salón, una pequeña habitación sencilla y acogedora, apenas alumbrada por las llamas de una chimenea de ladrillo que se incrustaba en la
pared frente a un sofá y un par de butacas. A la derecha, pegada al muro y debajo de un gran ventanal con las cortinas cerradas, se encontraba una mesa de madera con dos sillas colocadas en su lateral libre. A Lunnei le pareció bastante bonito. -Puedes sentarte -dijo Iliade mientras señalaba el sofá con la cabeza- yo voy a por algo para tomar mientras hablamos.
La joven se acomodó en el sofá y esperó a que la maga regresara. Un par de minutos después entró al salón con una bandeja en la que estaban colocadas dos tazas de café, una jarra de leche y un surtido de bollitos. La boca de Lunnei empezó a encharcarse de saliva, no se había dado cuenta antes, pero tenía muchísima hambre. Cuando Iliade se sentó en el sofá, al lado de la chica, comenzó a hablar.
-Bien, es cierto que trabajo para Dailor, es cierto que contribuyo a sus planes, es cierto que soy la encargada de la zona este. Todo es cierto, pero también es falso. La verdadera historia es, que al igual que tú, yo también fui engañada y utilizada, pero descubrí lo que tramaba a tiempo y pude trazar un plan de ataque, así que ahora actúo de espía. ¿Cómo crees que supimos de tu existencia? Como tú bien has dicho antes, soy una de las personas de confianza de Dailor, por lo que la mayoría de las cosas las consulta conmigo y los otros 3 Segundos: Karsel-Pui, en el sur; Kuram-Mei, en el oeste...
-Y Keicu-Do en el norte. Lo sé, ya le he dicho que les he estudiado, tanto sus biografías como sus conocimientos. Conozco tanto de ustedes coom el propio Dailor. Era parte de mi entrenamiento.
-Bueno, pues entonces entenderás por qué hago esto.
-Supongo que sí. Con su permanencia en la organización usted, Saul y los demás que participen en la lucha siempre podrán ir un paso por delante de Dailor.
-Exacto -asintió con la cabeza- Pero ahora nuestros planes a ti no deben preocuparte. Es mejor que te centres en pensar que vas a hacer.
-Es verdad...No tengo ni idea. Todo ha pasado tan deprisa que apenas me ha dado tiempo a asimilarlo. Mi mundo está patas arriba y ya no tengo a nadie. -Bajó la cabeza, triste de nuevo.
- No te preocupes, puedes quedarte con nosotros, al menos hasta que sepas qué vas a hacer.
-No me gustaría causar molestias a nadie.
-Tranquila, no es ninguna molestia. Además, aquí casi no se darán cuenta de tu presencia, son tantos...
- ¿Tantos? ¿Pero es que Saul no vive solo?
La maga rió ante tal idea. Esa era una casa de locos, ya no podía imaginársela con un solo habitante.
-No, son alrededor de 7. A veces más y a veces menos. Se podría decir que esto es como una especie de hostal de paso. En algún sitio tendrán que dormir nuestros aliados cuando vienen por estas tierras.
-¿Y cómo es que solo hay dos sillas en la mesa?- se extrañó la joven. Había visto perfectamente el salón y ahí no podían caber muchas personas.
-Bueno, rara vez coinciden todos en casa y mucho menos a la hora de comer. Ya has visto a Saul que pronto se ha marchado, así es todos los días, solo paran para dormir.
Lunnei sonrió. Estos datos la tranquilizaron bastante. Nunca le gustó demasiado estar rodeada de mucha gente, pero ahora no tenía otra elección, no tenía ningún lugar donde ir, así que tendría que permanecer allí durante algún tiempo y el hecho de que la casa fuera una leonera le facilitaba bastante la convivencia.
-En ese caso me quedaré aquí. Voy a centrarme en averiguar cosas sobre mí, mis padres, mi lugar de nacimiento...Todo lo que pueda encontrar. Antes nunca me había intrigado mucho ya que consideraba al maest...a Dailor como mi padre, pero ahora que sé que todo era una mentira y no tengo nada mejor que hacer me gustaría saber quién soy en realidad y si todavía tengo familia.
-Me parece perfecto, hija mía. Aquí recibiás apoyo seguro de todos, puedes estar tranquila.
-Genial.-dijo la chica por decir algo, la verdad es que no necesitaba a toda esa gente, le valía con comida y una cama donde dormir.
-Y por supuesto puedes contar conmigo para lo que haga falta. Paso mucho tiempo aquí así que no tendrás ningún problema en encontrarme para lo que necesites. -y le dedicó otra majestuosa sonrisa a la joven.- Pero ahora debo marcharme, las labores como Kara-Sem deben ser continuadas o Dailor podría sospechar.
-Está bien. Muchas gracias por todo. Hasta pronto.
La chica se levantó del sofá y acompañó a Iliade hacia la salida. Cuando esta se hubo marchado, la joven se dejó resbalar por la madera de la puerta hasta quedar sentada en el suelo. Estaba confusa y tenía la mente exhausta de tantas cosas nuevas.
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